Nóstos

 

Alberto Durero, Melancolía I


"Oye, hijo, mira, e inclina tu oído; Olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; Y deseará el Rey tu hermosura; E inclínate a él, porque él es tu señor".

-SALMOS 45:10‭-‬11


Me cansa el tictaqueo del reloj.

¿Desearé lo mismo dentro de treinta años?

Sentarme con un libro abierto,

Schubert de fondo, sereno;

tintas chinas y palillos afilados,

Y el olor de la lejía sobre la tinta,

Mordiendo como un gusano.


¿Deseará mi hijo verme sentado,

dibujando, leyendo, contemplando, pintando,

con mi mate tibio en la mesa?

Hoy no lo anhela,

no le arde como alcohol en la herida.

Pero cuando me haya ido…


La tinta china es hollín, humo, agua y aceite,

El resto de un sacrificio que refulge 

Zanjado con lejia.

El pequeño David cortó la cabeza de Goliat,

La frágil Judith cortó la de Holofernes...

Un día será mi turno,

Y rodará mi cabeza

rebanada por el golpe de un segundero.




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