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Para mi esposa, en su cumpleaños

  Hoy cumples años, amor, y el mundo, hastiado de dar vueltas, no te abarca; se sienta a contemplarte, como mudo, cobijado de estrellas y de aguas. ¿Será que logra ver —yo me pregunto— la llama en zarza que es tu alma peruana, que, al soplo de los vientos, como junco, se agita y se doblega, y no se amaina? ¿Será que te habrá visto, como he visto, tu extraña abundancia en la distancia? ¿O habrá él suspirado, agradecido, como yo, en la anchura de las pampas? Y mientras el tiempo siga andando, te miraré con gratitud enamorada, mirando en tus ojos lo no visto: el reflejo de una estrella en agua calma. Y Dios, que contó tus días sin ocaso, y aquella, en su preludio, breve calma, espero me conceda, de su mano, menguar enamorado de tu palma.

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