San Juan XXI
-Para mi hermana, Yami. La piedra dijo: «Vamos». Y todos le siguieron, como siguen al rayo los inquietantes truenos. Metiéronse en la barca y, en el oleaje inmenso, aquella vieja nave movieron con sus remos. Pero cayó la noche. Las redes recogieron: no había ni un pescado en el acuoso yermo. Y a orillas de la mar, del lago de Tiberio, una figura de hombre se presentó en silencio. Fue cuando se elevaba, con sus rosados dedos, el alba, que les dijo: «¿Traéis de allí alimentos?». Y mientras que bregaban, que "no" le respondieron; no habían pescado nada los pescadores diestros. «Echad a la derecha la red del Evangelio. Bregad en mi palabra: pescad al mundo entero». ¡Oh Dios, cómo ahuyenta peces el cruciforme anzuelo, con un pescado herido, ya masticado y muerto! Apenas levantaban las redes por su peso, cuando Juan le decía: «Es el Señor», a Pedro. Y el hijo de Jonás, habiéndose cubierto, saltando de la barca, llegó a Jesús primero. Los otros, por detrás, remaron por cien metros...









