La prueba del Carmelo
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| Jezabel, de Andrea Celesti |
"Cuando Acab llegó a su casa, le contó a Jezabel todo lo que Elías había hecho, incluso la manera en que había matado a todos los profetas de Baal. Elías tuvo miedo y huyó para salvar su vida. Se fue a Beerseba, una ciudad de Judá, y dejó allí a su sirviente".
-1 Reyes 19:1, 3.
Introducción al poema
Matthew Henry escribió en su comentario bíblico, que Jezabel fue el azote y la ruina del abdicante "rey" Acab. Ella "persiguió a los profetas, corrompió al pueblo y lo vendió a la idolatría. Quien se deja seducir por tales consejeros, se vende al pecado y a la condenación”.
Y he aquí un espejo de nuestros días:
la Iglesia, feminizada, dócil a los caprichos de Jezabel, abandona los caminos antiguos por miedo, y las sendas recias de los padres protestantes, para danzar tras novedades efímeras, y vestir de sumisión las herejías que agradan a su paladar torcido. Los profetas, o andan escondidos o huyendo, como un esposo tímido que guarda silencio para no desatar el mal caracter y el desagrado de su mujer insumisa.
La realidad reviste, por cierto, una fealdad mayor que la describe mi poema; la esperanza, sin embargo, mayor belleza.
¡Pero el Carmelo no está en ruinas!
¡El fuego aún espera! Y el profeta levanta su voz contra el engaño, clamando a un pueblo vacilante:
“¿Hasta cuándo claudicaréis entre dos pensamientos? ¡Si Jehová es Dios, seguidle!”
Ahora si, mi poema:
La prueba del Carmelo
Los dobleces de tu lengua, manto,
Y el desprecio altanero del camino,
Tantas veces te ha extraviado, ¡tanto!,
Que hoy de versos la Verdad luce atavio.
La verdad que era joya, -¡cuánto!-
Del pueblo alzado en protesta y brío,
Hoy desprecias, Jezabel, danzando:
Tu soberbia es la razón de tu extravío.
¡Y es que hay agua, demasiada, -¡cuánto!-
Encharcando hoy los pies del peregrino!
¡Mas yo, en estos versos clamo!
En la cima del Carmelo el fuego ansío.



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