Un cuento apologético
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El siguiente cuento —escrito originalmente para mi ahijada— presenta al lector un diálogo ficticio entre dos muchachas, en vísperas de Navidad. Su valor, creo yo, radica en la experiencia vicaria e imaginativa en la que el lector atento puede sumergirse una y otra vez. Como recuerda San Pablo a los Corintios al recomendarles la lectura del Antiguo Testamento, aquellas narraciones históricas ofrecían a los santos un espacio seguro donde ejercitar sus músculos morales sin correr riesgos reales. Las experiencias del antiguo pueblo de Dios nos han dejado un tesoro de historias que nos muestran cómo han de practicarse las virtudes y nos advierten contra numerosos y peligrosos pecados a fin de que aprendamos cómo evitarlos (1 Corintios 10:11). Así, los cuentos son provechoso campos de entrenamiento ético o, como ha dicho ND Wilson, son catecismos para la imaginación.
Este cuento —como todos los que he compartido gratuitamente en este blog— es corto. Al escribirlo, mi tarea consistió en escudriñar mis viejos libros de apologética y darles forma de diálogo con aire de cuento. Tal vez mi estilo sea sencillo, pero lo que busco aquí no es tanto la belleza literaria como la verdad y la fuerza que ella misma despliega en la conversación apologética. Confieso, además, que he sido generoso al representar al ateísmo en estas páginas; en la vida real, rara vez sus defensores muestran tanta agudeza, y a menudo son menos capaces de sostener una discusión de este tipo frente a un cristiano.
Si, tras la lectura, desea contactarse conmigo, puede hacerlo con toda confianza.
¡Soli Deo Gloria!
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