Ecclesia reformata, semper reformanda secundum verbum Dei


 

Ecclesia reformata, semper reformanda secundum verbum Dei 

[Iglesia reformada, siempre reformándose conforme a la Palabra de Dios].


Introducción al poema:


Muchos rehúsan luchar por la reforma de la Iglesia porque, según dicen, no será total ni perfecta, ignorando así, casi por completo, el espíritu de los reformadores, y la realidad de las iglesias imperfectas en la que estos trabajaban. Confunden el celo santo con el orgullo espiritual, y prefieren la nada antes que algo que aún no sea todo. Se apartan del campo de batalla porque no soportan pelear en una trinchera polvorienta. ¿Quién anhela morir sin ver ondear la bandera victoriosa que defende? Quieren una Iglesia ideal, y como no pueden hallarla, no ayudan a limpiar la real. Pero Dios no bendice la inacción del perfeccionista, sino el esfuerzo de quien, aun en medio del desorden, procura enderezar lo torcido.

La Escritura no ignora las falencias de los reformadores. Asa quitó los ídolos y purificó el culto (¿Parece poco?), “aunque no quitó los lugares altos” (1 Reyes 15:14). (¡Terrible mal!). Josafat, su hijo, hizo lo recto ante los ojos del Señor, pero también dejó esos mismos lugares altos en su sitio (1 Reyes 22:43). Sin embargo, ambos monarcas son elogiados por Dios. ¿Por qué? Porque su mano empujaba la historia, poco a poco, hacia la fidelidad. ¿Acaso no pueden ver la diferencia entre estos y Salomón? El Señor, entonces, no desprecia los comienzos parciales, ni el esfuerzo incompleto, siempre que apunten en la dirección correcta. Chesterton hubiese elogiado el bien hecho con torpeza. Rembrandt tampoco pintó la ronda de noche la primera vez que agarró un pincel.

C. S. Lewis observó que Dios, solo con que de verdad tengamos voluntad de andar, se siente complacido hasta con nuestros tropiezos. En el alma que avanza, aunque tropiece, Él ve más virtud que en el alma que se sienta a juzgar desde lejos sin mover un solo dedo. Del mismo modo, el héroe que enfrenta el mal, aún sin esperanza de victoria o de volver con su vida por botín, da testimonio de su amor por aquello por lo que lucha. 

No nos pensemos mas celosos de la pureza de la Iglesia, que nuestro Dios. 

Recuerden que, cuando Ezequías restauró el templo y el culto (2 Crónicas 29), hubo quienes ofrecieron los sacrificios “sin haberse purificado debidamente” (2 Crónicas 30:18) y comieron la Pascua contrario a lo que estaba escrito. Sin embargo, el Señor escuchó la oración de Ezequías, que decía algo así como: "Señor, mira sus corazones, aunque no se conformen a perfección a lo que está escrito" (v.19,20). Y el Señor oyó su oración y los sanó. La dirección era correcta, aunque la ejecución no fuera impecable. 

Ciertamente es mejor ser perfectos en la ejecución y en los detalles, y no transgredir ni una sola tilde de la Palabra. Pero entre lo horrible y lo perfecto hay un camino de santificación sudorosa y poco gracil. Además, no poseemos el control de todos los detalles, corazones e intenciones de los hombres que conforman y lideran la iglesia. Pero siempre hay algo que hacer en dirección a la perfección del ideal bíblico, arando con fe y esperando en Dios. 

La Pascua celebrada por Ezequias fue, a pesar de todo, la mejor que se había visto desde los tiempos de Salomón; aunque, un siglo más tarde, sería superada por la de Josías (2 Crónicas 35:18). Es, entonces, el incrementalismo bien intencionado, y no la soberbia del pseudo-perfeccionismo, el ideal cristiano en un mundo caído, y en una iglesia llena de lobos y cizaña. Ojalá mi poema sirva para alentar el espíritu reformador en los desanimados, para afirmar el paso lento pero certero.



No esperes una Iglesia ya sin mancha.

Sin sombra de un error, ya reformada.

¡Ni Asa ni Josafat vieron lograda

la obra que por Dios fue celebrada!


¡Ah, necio el que desprecia la jornada

porque la via es larga y enlodada!

No espere tierra limpia el que no ara;

Ni espere, sin andar, ver la llegada.


Dios no corona al necio que se encierra

Que espera perfección y no se esmera;

Él ama al que edifica aún en la guerra.


El alma que hacia el bien tiembla y avanza,

andando en paso torpe hacia su Casa,

vale más que tu vil trono de arrogancia.



"Supongo que lo has leído. También supongo que lo consideras una tontería, una serie de palabras sin sentido. Tienes toda la razón; lo es. Pero ahora imagínatelo entonado como está diseñado para ser entonado".


 -HL Mencken.

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