"Árbol"

"El árbol solitario"
-pintura de Caspar David Friedrich


"Entonces Moisés dijo: “Permíteme acercarme ahora para ver esta gran visión, por qué la zarza...” (Éxodo 3:3).

-Para Alexis Louvet.



Quiero, al decir árbol, que árbol sea;

no una cosa nueva, sino la que es.

Quiero despabilarte de tu amnesia,

despertarte del sueño, hacerte ver.


Arborear tu espíritu, y que no sea

yermo lobregal ni aridez;

que tus yemas, al rozar mis versos, puedan

palpar del árbol su no sé qué...


Cierta casa, arca y escalera,

púlpito del amor de nuestro Rey;

de mil males, la última defensa;

fruto del Fiat del día tres.


Nota sobre el poema:

"Árbol" es una palabra mágica. Un árbol es una palabra divina extendida en el espacio. Este poema nace del deseo de nombrar que Dios concedió al hombre: el humilde intento de nombrar, con palabras más pequeñas, creadas por el hombre, a esas realidades míticas que salieron de los labios del Creador. En este caso, los árboles, que existen desde aquel primer martes —sí, los árboles son marcianos; quizá por eso nos parezcan tan extraños—.

Desde luego, "decir el árbol", en sentido pleno, sería pronunciar un decreto creador; sería conferir el ser a un árbol real. Mi poema no pretende semejante imposibilidad. Aspira, más bien (si es que...) a colocarse junto a Adán frente a esa palabra divina recién florecida, contemplar el espanto de su existencia e intentar domarlo con un vocablo. Y experimentar, al fin, esa dulce impotencia en los labios: la de tartamudear una realidad creada. Hablo de nombrar después de Él.

Comentarios

Entradas populares